El liderazgo se expresa mediante un estilo de toma de decisiones que asume, impulsa y
desarrolla una nueva cultura en las Instituciones. El liderazgo del equipo directivo y
singularmente de su director, se convierte en el agente más determinante para diseñar y
desarrollar programas que mejoren las organizaciones educativas.
Los modelos de liderazgo más representativos para promover procesos innovadores en los
Centros son: transformacional, de armonía emocional, de colaboración, distribuido, etc., que
consideran el liderazgo como una síntesis de múltiples realidades sociorrelacionales, que
sitúan en el eje de su identidad las emociones y las necesidades de las personas que forman
la organización, actuando como generador del desarrollo integral del resto de las personas
de la Institución.
En esta línea hemos diseñado un modelo de caracterización de los directivos, que se
explicita en el dominio de las competencias más valoradas, como son: Gestión, Humana y
Técnica (Medina y Gómez, 2012). Para clarificar este modelo es útil la representación del
liderazgo basado en investigaciones previas que constatan el valor del mismo y su impacto
en la mejora de la cultura de los Centros:
Representación del liderazgo (Medina, A. y Gómez, R.M. 2012)
El liderazgo es la cualidad esencial de los directivos, si desean diseñar y desarrollar programas
para la mejora integral de sus instituciones, concretado en el avance del conjunto de
competencias citadas, con especial énfasis en el desarrollo de programas de diversidad,
bilingüismo, atención a la pluralidad cultural, etc., profundizando en el dominio de la
humana, convertida en el eje de las más relevantes para todas las personas y singularmente
para los directivos de los centros educativos.
Pittinsky (2009) subraya que el líder ha de propiciar la coordinación y consolidación de los
grupos con los que interactúa, logrando mejorar la cultura y promover el máximo
compromiso de todas las personas implicadas; se destaca el valor de la alofilia, que propicia
actitudes favorables hacia todos los miembros del equipo. Por su parte, Morales (2012)
considera que la función de los líderes ha de basarse en el fomento de la confianza mutua y
en el desarrollo de las relaciones positivas entre todas las personas implicadas en el
programa y en las instituciones educativas. El líder ha de estimular el potencial emocional y
lograr un adecuado equilibrio entre el desempeño de las tareas que lleva a cabo y su base
emocional, que le sirve de apoyo continuo ante posibles impactos no controlados del
programa (Medina, 2013).
La complejidad del desarrollo de programas innovadores en los centros educativos requiere
de los directivos la puesta en acción del “Liderazgo distribuido”; (Lorenzo, 2011), e implicarse
en el programa como corresponsable y constructor del propio proyecto innovador.
La visión de distribución de funciones y tareas en el desarrollo de un programa requiere de la
sintonía del directivo con todas y cada una de las personas que constituyen el grupo activo
del programa y requiere una especial cercanía entre colaboradores con proyección en toda
la comunidad formativa (Leitwood y Day, 2007; Bolivar, 2010; Domingo y Barrero, 2012; Day y
Gu, 2012).
La relación entre el liderazgo educativo y el desempeño escolar (resultados escolares), en
diversos contextos, ha sido objeto de numerosas aportaciones, entre ellas, Sammons, Gu y
Day y Ko (2011), Horn y Marfán (2010), y Leithwood y Jantzi (2009), cuyas investigaciones
evidencian que la preparación, implicación y colaboración entre los líderes escolares, los
equipos de docentes y las comunidades marcan las potencialidades y la calidad de los
resultados escolares alcanzados por los estudiantes y el impacto futuro en el desarrollo
sostenible de los entornos escolares.
Cheng, Y. Cre (2011), propone tres paradigmas del liderazgo escolar, que orientan las
acciones y la mejora de las Instituciones educativas,